Hola!
Nos pasa con cierta frecuencia que nos quedamos ensimismados observando algo que es bello a nuestras emociones: un atardecer, el mar en su enorme inmensidad y color, una banda de aves que se alejan, un bebé que sonríe, una pintura magistral, tal vez nos pasa también escuchando una música que nos encanta. Somos fáciles de ser conquistados por éstas sensaciones que nos son agradables y nos dejan anestesiados en una vorágine de sensibilidad.
A estas emociones es a lo que llamamos placer del ánimo, es el DELEITE o Deleitarse en algo.
Pongamos el caso, ¿habéis leído algún poema sublime que provoque esa sensación que da gusto? Supongo que sí, y pregunto otra cosa: ¿puede pasaros así al leer la Palabra de Dios? Podéis quedaros ensimismados, también contemplando, sin más, lo que dice en Su Palabra?
Pienso que justo, no sólo el fin de leer o escuchar la Palabra es de enseñar y redarguir, sino también provocar en nuestra mente el deleite en el amor eterno del Creador y al estar en sintonía perenne con su Palabra el placer de sentir gratitud.
Job en medio de una situación extrema, sigue aplaudiendo la obra del Señor y valorando su misericordia, se deleita en su poder:
“Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios le quitare la vida? ¿Oirá Dios su clamor Cuando la tribulación viniere sobre él? ¿Se deleitará en el Omnipotente? ¿Invocará a Dios en todo tiempo?”
[Job 27:8-10] `
Ahora… medita sobre lo que dice Isaías, hay condicionantes para lograr ese deleite especial:
«… Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.»
[Isaías 58:12-14]
Conformar el hábito de aprender a que el agua viva de la Palabra nos “bañe” y sea la que sacie la sed de Sabiduría que padecemos, permitirá encontrar ese magnífico deleite en su contemplación.
[Salmos 16:11]

