sábado 11/07/2020

Hola!

Dar fruto o frutar, se dice de un árbol cuando produce su género. Luego de florecer crece el fruto (es muy pequeño al nacer y va creciendo paulatinamente hasta madurar), el cual es muy singular, pues no solo servirá de alimento, sino que, cumplirá otra razón útil: en el interior del fruto se desarrolla la semilla (núcleo que contiene el embrión) donde se mantiene protegida para que perdure hasta que sea sembrada!

El símil entre dar fruto una planta y que una persona pueda producir utilidad es bien preciso.

Imaginemos la habilidad que alguien pueda adquirir luego del esfuerzo del estudio y trabajo en un aspecto determinado, su experiencia y capacidad podrá ser ejemplo y podrá ser enseñado a otros que están por la misma labor. Así que crear la «flor» hace que salga un «fruto» que muestra la utilidad del «árbol» y la posibilidad de perpetuar en la «semilla» ese conocimiento o saber. Y según madure el fruto, más apto estará para ser digerido y su semilla más apropiada para ser sembrada.

Repetidamente en la Biblia aparece este prototipo para dar a entender claramente que la Palabra es la semilla, y que no sólo hablando de ella puede provocar que sea escuchada (sembrada), necesita varios factores para llegar a ser fructificadora, además de suelo fértil y ganas de aprender, necesita que quién hable de la Palabra sea fiel, así lo describe el Apóstol: «… esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí … esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.» [2ª Timoteo 2: 1- 2]. De la misma manera formula el patrón que permite llegar a dar frutos y que sean productos de alto valor para ser provechosos: «El labrador, para participar de los frutos debe trabajar primero» [2ª Timoteo 2: 6]

Otro punto de vista sobre dar fruto y su utilidad:

«Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?
Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros.
Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?
Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros.
Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?»
[Jueces 9: 9- 13 ]

Puede que haya momentos en la vida que se presente una disyuntiva, parezca que debemos dejar de hacer lo que en verdad nos ha dado Dios, un Don para dar fruto, (con el cual se honra y agrada a Dios) para hacer alguna otra cosa, que nos hará más «grande.» Hay que detenerse y descubrir qué nos pide Dios realmente, debemos ser certeros en la resolución que se tome.