lunes 29/06/2020

Hola!

Es habitual que no podemos quedarnos con inquietudes y dudas ante un fenómeno que nos acontece, por eso la pregunta del «millón» siempre es: ¿POR QUÉ?

Unas veces nos preguntamos ¿por qué? ante el descubrimiento de un nuevo conocimiento, de la índole que sea, al darnos cuenta que somos ignorantes en la materia, nos movemos en la necesidad de conocer y eso nos impulsa a estudiar hasta conseguir comprender de qué va la «cosa.» Estudiar, analizar, averiguar es lo que nos desvelaría la razón, causa y motivo, es la respuesta a ¿por qué?

Tenemos experiencias fuera del alcance de nuestras decisiones personales, sobre todo en el ámbito social/ político, donde cabe el «¿por qué?» Al llegarnos una información por un medio de comunicación, entender la noticia y de ahí preguntarse ¿por qué? hace que descubramos que la realidad que se esta presentando tiene una causa y un motivo más allá del que se desvela en la información dada, y ese inconformismo de aceptar todo lo que nos dicen sin más, nos aleja de ser manipulables.

Encontrar la justificación lógica / racional por la que sucedió «tal o cual cosa» es lo que nos provoca un ¿por qué? Construimos una historia en pasado para llegar a comprender el origen de una realidad actual.

Fijemos la atención en este detalle: lógico/racional, válido en el mundo que nos rodea y que pisamos, que nos insta a encontrar las razones, el ejemplo clásico es cuando los niños a la edad de 4 años constantemente preguntan: – «Y ¿por qué? y cómo lo sabes?;» ya en la etapa adulta, sin embargo, hay situaciones que: cuál es la razón, causa o motivo se pierde en nuestras elucubraciones lógicas/racionales y ese «pequeño saber» con el que contamos no descubre el ¿por qué?

Generalmente la respuesta «porque…», es más sencilla de lo que parece.

«Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.» [Deuteronomio 30: 14- 16]

Y preguntar a Dios ¿por qué?, ciertamente se podrá hacer, sin embargo dice la Palabra: «¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces? o tu obra: No tiene manos?» [Isaías 45: 9], es decir: el barro no dice al que lo trabaja: «¿Qué estás haciendo?», ni el objeto hecho por él le dice: «Tú no sabes trabajar.» Acaso vamos a pedirle a EL, cuenta o dar lecciones de cómo hacer lo que ya creó!?, «… porque del Señor es la tierra y su plenitud.»[1ª Corintios 10:26] Ofuscarse no lleva a ninguna parte pues: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.»[1ª Corintios 13: 12], así que ahora contamos con un conocimiento velado, en su día el conocimiento será pleno.