martes 23/06/2020

Hola!

Vivimos a prisa, todo en inmediatez para calmar el ansía de la ilusión que nos atrapa. Resultado: -«Uf, ando con la lengua afuera!» En cualquier esfera del día a día se refleja esta conducta de «a alta velocidad»: El jefe quiere un trabajo para ahora!, la producción tiene que salir ya!, el nene quiere el juguete ahora!, la comida tiene que estar lista ya!, la meta es «tantos» a la hora!, hay que vender esto rápidamente!, el móvil nos comunica enseguida!, todo «se cuelga» enseguida en las «redes sociales», el internet debe ser de banda ancha para que vaya a alta velocidad, etc.

Hay un inconveniente: todo tiene «un tiempo» de elaboración, de construcción, de planear, de saborear, de aprender y lo ideal es respetar esa pauta de tiempo que se invierte en alguna cosa provechosa y entonces el producto será de buena calidad. Reza un dicho popular que «Con el tiempo y la paciencia se adquiere la ciencia.»

Me concentrare ahora en una acción contraria a «las prisas,» que nos lleva a que las cosas se desarrollen con menor rapidez, que se vuelva más lento el proceso, me refiero a RALENTIZAR, algo que deberíamos tener en cuenta a la hora de concebir un plan, porque no todo, debe ser inmediato, ahora, y enseguida, no … no todo. Porque esa cultura de competitividad de: – «Yo lo hago más rápido!» … No es para todo, ni tampoco es útil en todo!

Esa cultura de la inmediatez, es una de las causas de estrés patológico, y de complejo de inferioridad que padecemos. Ralentizar en ocasiones las acciones, bajar el ritmo, disminuir la expectativa en cuanto a la urgencia de adquirir o recibir nos dejará disfrutar, captar y analizar con serenidad y plenitud lo que nos ocupa.