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Últimamente se escucha bastante sobre un termino que expresa la capacidad de salir airoso de una experiencia de vida dura, fuerte y posiblemente negativa: La RESILIENCIA.
Un termino que nace en la Física como ciencia, y se refiere a la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe, y a la capacidad de un material de volver a su forma original después de dejar de someterse a una presión deformadora. Luego el termino se ha utilizado en las ciencias sociales.
La resiliencia en un individuo, depende de varios factores (personalidad, aprendizaje en el seno familiar de un patrón de adaptación positiva en el contexto de una adversidad), e indica más que ser invulnerable ante un estrés dice de recuperarse luego de un evento vital negativo.
«La resiliencia es el poder de iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma, el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional» (Boris Cyrulnik, Neurólogo, Psiquiatra. Universidad de Tolon) La posibilidad de ser un individuo resiliente depende del ámbito familiar y de crianza, las condicionantes que la desarrollan son la segurización, recuperación, relaciones sociales y cultura positiva. El amor, el apego, las conductas de adaptación, son la base para este aprendizaje en los niños. La resistencia es la fuerza que se opone a reducir a la actitud y aptitud al sufrimiento sin soluciones, ante un evento vital difícil y de pérdida, pero la resiliencia va más allá, no solo «aguanta» el trauma sino que lo «supera» en su totalidad.
¿Una característica personal del cristiano ha de ser la resiliencia? ¿Es conveniente que aprendas a ser resiliente, aunque la crianza en tu infancia no fuese adecuada para desarrollarla?
Si quieres ejemplos, sobran: desde Abraham hasta Pablo, pasando por todos los profetas y discípulos. Y lo que los hacía así, lo que tienen en común, más que la crianza, su personalidad y las oportunidades del aprendizaje cultural, es contar con la tenencia del Espíritu de Dios.
Y esto es lo que ellos experimentaron:
Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? [Salmos 139: 1- 7]
Pruébalo, y aunque tu vida haya sido entre traumas y aflicciones, podrás restablecerte siempre y responder a ello en una actitud de superación.

