Hola!
Dudar es de humano! Cada día pasamos por ahí! Pensamos constantemente: ¿Esto o lo otro?¿Fue eso o aquello? ¿Ese o esa? ¿Aquí o allá? ¿Real o ilusión? ¿Cierto o falso? ¿Lo hago o no? ¿Será bueno o malo?¿Me quiere o no me quiere? ¿Lo quiero o no lo quiero? ¿Me será o no de utilidad? ¿Me gusta más ese o aquel? Es decir tener dificultad para decidir una u otra cosa, es dudar.
Mientras el dudar nos genere la curiosidad por averiguar el resultado, documentándonos correctamente y no genera inseguridad y falta de confianza en nosotros, va bien. Porque si la duda es el núcleo de todo nuestro quehacer y pensar, entonces habrá que canalizarlo de otra forma, posiblemente con apoyo profesional (desconfiar o recelar de todo, no es saludable).

Por lo que hay que distinguir si la duda nos estimula o nos satura y acaba por afectar relaciones, es importante y creo que es crucial identificar en qué punto estamos al dudar y de qué dudamos.
El que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra; este es el mejor concepto que he leído de la duda. La Epístola de Santiago nos enfrenta a: ¿en qué no podemos nunca dudar? Nos aclara que el Señor no dará cosa alguna a los que son inconstante en todos sus caminos, a los de doble ánimo, y dice que cuando seamos incapaces de tomar una adecuada decisión pidamos a Él sabiduría (discernimiento, escoger lo correcto) pero, aquí una condición, con fe (antónimo de duda). [Santiago 1: 5- 7] Espero puedan sacar su propia conclusión, la mía es que la realidad de la fe en Cristo debe ser demostrada por los hechos y actitudes de quienes la profesan, las dudas no vienen a mostrar la realidad del Señor.
