lunes 18/05/2020

Hola!

Añoramos la paz, sentirnos tranquilos y en paz! Todos. Cada cual querrá una «paz» según sus argumentos e ideales. En general hay una paz que a todos nos cautiva: que no existan luchas armadas entre países o en un país, un lindo sueño! sin embargo pocos están por la labor (sin comentarios! la industria del armamento: deja mucho dinero) … otros quieren paz entre vecinos, o compañeros, o entre hijos, o entre padres e hijos, que exista una relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos. Y así habrá muchos ejemplos.

La paz a que me refería en la primera oración es a aquel estado de quien no está perturbado por ningún problema o inquietud, y que es muy improbable llegar a conseguir con herramientas humanas, aunque nos leamos libros de apoyo psicológico o escuchemos mil veces a oradores que dedican todo su esfuerzo en mostrarnos métodos de autoayuda que supuestamente nos harán flotar de paz interior.

¿Sabes por qué? Porque en el mundo hay aflicción, no lo digo yo, no … cada cual lo sabe porque lo ha vivido, pero además está escrito! [Juan 16: 33] Entonces, cuál es la manera de alcanzar esa paz, que sobrepasa todo entendimiento, aún en medio de la aflicción y que tanto añoramos? El evangelista Juan, nos ilustra al escribir sobre lo que dijo el Señor: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» [Juan 14: 27] Entonces ahí está el punto: no es una paz mundana, es «su paz», que se alcanza en la certeza de que el Señor venció al mundo!

Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo. [Hechos 9: 31]

Con mucha frecuencia hallaremos o tendremos oposición, contradicción o alteración del estado que consideramos pacífico, porque no todos pensamos igual, ni somos nacidos en una misma cultura, ni tenemos los mismos intereses o ideas sobre uno u otro asunto, da igual si se trata de política o de deportes o de económia o de salud, siempre surgirán las discordias.

Y en esas discordias es cuando debemos acordarnos de que debemos no sólo sentir paz, porque el Señor nos tiene en sus manos, porque con nosotros está el Consolador, su Santo Espíritu, sino ser instrumento de su paz, y poder decir: «paz a vosotros» y que las personas que nos rodeen puedan percibir quietud y sosiego.