jueves 14/05/2020

Hola!

Sobre todo los padres y madres sabemos lo difícil y engorroso que es hacer valer nuestra autoridad sobre los hijos. Un poder que tenemos de hecho y derecho para ejercer el mando. Así sucede a muchos que están en posición legítima de gobernar a otros. Se necesita no sólo la potestad sino además ser creíbles, tener prestigio, de balde tratar de hacerse respetar sin contar con la facultad pertinente. El ejemplo o el testimonio que se muestra es la base para que la autoridad sea reconocida sin miedos por los demás que deben acatarla.

Según la procedencia se clasifican distintos tipos de autoridad, mencionaré unos pocos:

– la autoridad formal: aquella que ejerce el individuo al que tiene una superioridad posicional, es decir por jerarquía.

– la autoridad moral: la que puede ejercer un líder por sus cualidades morales o experiencia en una materia, surge porque se reconocen éstas y no por imposición.

– la autoridad carismática: nace del respeto y admiración de los subordinados por su líder, a quien respetan por sus facultades y forma de ser.

– la autoridad coercitiva o autoritaria: es inflexible, se basa en la dominación y puede que uso de la fuerza.

la autoridad democrática: existen límites a la conducta que están bien definidos, se valora y se tiene en cuenta también la opinión de cada uno de los miembros, cuando sean necesarias «sanciones» o «llamadas de atención», «corrección» por lo general se comprenden porque hay un marco previamente establecido (útil en el mundo familiar).

Existe otra Autoridad con mayúsculas: Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo.
Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.[Lucas 4: 31- 32] Y Pablo aclara: Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción [2ª Corintios 10: 8] ¿De dónde proviene esta AUTORIDAD? Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre [Juan 5: 26- 27] La autoridad de Jesús proviene del Padre.

Conclusión: debemos discernir qué autoridad ha depositado el Señor sobre nosotros, y de qué manera la ejercemos.