miércoles 13/05/2020

Hola!

Hablar, hablar, hablar … sin pensar, sin parar, sin escuchar al interlocutor, en ocasiones diciendo palabras duras, cuando nos percatamos, dijimos lo que no debíamos, lo que no queríamos decir realmente, o que no tocaba decir. Un viejo dicho explica qué son las palabras: «piedras que se lanzan que no vuelven atrás», así que lo que se dijo se dijo. A las palabras las acompañan varios componentes : – el tono de voz, – las expresiones fasciales y – los gestos, (lenguaje corporal o elementos paralingüísticos) todos ellos tan importantes como lo que se dice, pues reafirman las palabras y le dan una determinada connotación. Las formas y manera de expresarse también hay que cuidarlas.

Algunas recomendaciones:

El corazón del sabio hace prudente su boca, Y añade gracia a sus labios.[Proverbios 16: 23] ¿Habrá primero (antes de hablar) que conseguir un corazón sabio?

Las palabras, no tienen porque ser «piedras», también pueden ser dulces y calmantes: Panal de miel son los dichos suaves; Suavidad al alma y medicina para los huesos.[Proverbios 16: 24]

También las palabras pueden ser instrumento de paz, calma y serenidad: La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor. [Proverbios 15: 1]

Las palabras pueden ser oportunas, adecuadas, trasmitir esperanzas: El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es! [Proverbios 15: 23]

No emitir palabras es más útil en muchas ocasiones: El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido.[Proverbios 17: 27] y Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido. [Proverbios 17: 28]

Adelantarse a dar una respuesta u opinión, generalmente es de tontos: Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio.[Proverbios 18: 13]

Como éstas premisas pienso que no hay otras, existirán muchas estrategias para la comunicación según los estudiosos del tema; pero estás son realmente verdaderas y sabias. Con un poco de práctica puedes adquirir la rutina de pensar antes de hablar, resultará siempre en beneficio propio y para el interlocutor.

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
[Efesios 4: 29]