sábado 02/05/2020

Hola!

Hablemos del perdón. Algunas investigaciones basadas en estudios sobre el acto de perdonar, argumentan que el acto de no perdonar o ser hostil, provoca en el organismo un alto nivel de neuroquímicos que son los precursores del estrés y la ansiedad. Por el contrario, al perdonar el sistema nervioso activa una respuesta de relajación, el estado de ánimo mejora y aumenta el optimismo. Al sentir emociones positivas hacia alguien que nos ofendió (aislar el rencor, la ira, la hostilidad), se experimentan cambios fisiológicos en tiempo presente que equilibran la salud física y mental.

Es cierto que si se ha sido ofendido profundamente, el dolor puede ser psicológicamente desbastador, y practicar el perdón puede ser muy trabajoso, lleva tiempo, y varias etapas: reconocimiento, aceptación, intención y decisión de perdonar (es una actividad pensada, requiere entendimiento de lo que supone perdonar). Por último está la liberación que se experimenta al soltar la ira y hacer un acto de compasión.

Los ejemplos de la misericordia del Señor para perdonar sobreabundan en la Biblia y en la vida de cada persona. Pero, ¿Qué hay de la capacidad de perdón de su pueblo? Me referiré a José, sus hermanos lo venden como esclavo, sin embargo : «… les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.»[Génesis 50: 19-21]

¿ No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve de ti? [Mateo 18: 24- 35]